Para entrar en el sitio de Tres Ortegas debes tener la edad legal para el consumo de alcohol en tu país de residencia.
En un palenque de los Valles Centrales de Oaxaca, la misma receta ha cambiado de manos tres veces. Nunca de rumbo.
Tres Ortegas no nace de una fórmula ni de un plan de negocio. Nace de una cocina, de un horno de piedra y de tres mujeres que se fueron pasando lo mismo: la paciencia para esperar al agave y el criterio para saber cuándo parar.
Agave Espadín cultivado en Oaxaca
Alcohol en volumen · Categoría joven
Generaciones detrás de cada botella
Aprendió a leer el agave antes que las letras. Supo siempre que un espadín está listo por cómo huele la tierra a su alrededor, no por lo que diga el calendario. De ella vienen el horno, la tahona y la costumbre de no tener prisa.
Mantuvo el palenque encendido cuando lo fácil era vender la tierra. Ajustó lo que había que ajustar —el agua, los tiempos, las tinas— sin tocar aquello que hacía que el mezcal siguiera siendo el de su madre. Resistir también es una receta.
Cruzó el Atlántico con la misma receta en la cabeza. Tres Ortegas es su manera de que Oaxaca llegue entera a Europa: sin diluir el mezcal, sin diluir la historia y sin convertir el palenque en una fábrica.
Todo se hace igual que hace sesenta años. No por nostalgia: porque cada vez que alguien lo ha intentado más rápido, el mezcal ha salido peor.
Espadín cultivado en los Valles Centrales. Entre siete y nueve años en la tierra hasta que la piña concentra el azúcar suficiente. No hay forma de acelerarlo.
El jimador corta las pencas a mano y libera la piña. Solo se jima lo que está en su punto, planta por planta, criterio por criterio.
Tres días de cocción en horno cónico de piedra sobre leña y roca volcánica. De ahí sale el ahumado: no es un aroma añadido, es el rastro del fuego.
Tahona de piedra tirada por caballo. Lenta, desigual, imperfecta. Ninguna máquina ha conseguido dejar la fibra como la deja la piedra.
Tinas de madera, agua de manantial y las levaduras que ya viven en el aire del palenque. Ese aire es intransferible; por eso ningún otro mezcal sabe igual.
Doble destilación en alambique de cobre. El corte de cabeza y cola se decide probando, no midiendo. Es el único paso donde la mano pesa más que el proceso.
A temperatura ambiente, en copa de barro o veladora. Sin hielo y sin mezclar. Se bebe a besos pequeños, nunca de un trago: el mezcal se abre en la boca, no en la garganta.
Todo lo que rodea a la botella se hizo igual que el mezcal: a mano y sin adornos.
Cada botella lleva tres mujeres dentro. No es una historia de marca: es literalmente quién hizo el mezcal que estás bebiendo.
Tres Ortegas se distribuye en España y trabaja con un número limitado de importadores en Europa. Producimos por lotes cortos, así que el volumen se asigna antes de cada zafra.